En la isla italiana de Cerdeña, en medio
de las montañas, en la norteña provincia de Sassari, se erige, desde época
inmemorial, un pueblecito de unos mil habitantes que se llama Burgos.

Los quesos del Burgos sardo también son
excelentes y su historia, como la nuestra, también tiene su punto álgido durante la Edad Media. Además, al
igual que nuestro Burgos, ellos también tienen un castillo medio en ruinas desde
el que se puede disfrutar de unas magníficas vistas.
La fortaleza fue construida durante la
primera mitad del siglo XII por un “Giudicato” de Torres (Señor feudal) para defenderse
del Señor de las tierras de Calgari. Durante estas guerras, el castillo fue
escenario de un terrible episodio protagonizado por el Señor de Calgari,
Guillemo I que después de tomar el castillo, tomó por las malas a la mujer del
Señor del castillo de Burgos, la catalana Prunisinda que murió a consecuencia
de la violencia.
Posteriormente, el castillo fue la
residencia de Adelasia de Torres, una señora con una vida de lo más
interesante. Parece que Adelasia se casó en pompa magna con Ubaldo Visconti,
heredero de media isla y de origen pisano. El Papa Honorio III que era enemigo
acérrimo de Pisa envió a un prelado para deshacer el matrimonio pero la cosa le
salió mal y se tuvo que conformar. Mientras tanto Adelasia heredó títulos y
posesiones de su hermano Barisone III de Torres y de su marido Ubaldo Visconti.
En 1233 Adelasia se encuentra viuda, cuarentona, riquísima y sin hijos. ¿Qué
hacer? Casarse con un mozo de 18 años, guapetón y riquísimo: Enzo de
Hohenstaufen, hijo bastardo del emperador del Sacro Imperio, Federico II que
les convirtió en reyes de Cerdeña.
El matrimonio, como era de esperar ni
duró mucho ni tuvo descendencia. A Enzo le hicieron prisionero en Boloña y ella
se retiró al castillo de Burgos hasta su muerte.
Después de esto, el castillo pasó de los
genoveses a los aragoneses que, finalmente, lo abandonaron.
Como todo castillo que se precie, el
Castillo de Burgos también tiene sus misterios y leyendas. La más importante
habla de que entre sus piedras estaría escondido un magnifico tesoro de valor
incalculable. Este tesoro estaría protegido por “Sas muscas magheddas”, moscas
venenosas que atacarían al que descubriese el tesoro, a los campos y a los
animales.

Actualmente de esta antigua
fortificación quedan las murallas y la torre de homenaje alta unos dieciséis
metros y de planta cuadrada. En el patio hay una entrada a un subterráneo con
una bóveda que era la cisterna del castillo.
Vale la pena visitar Burgos, con sus
callejuelas estrechas y empinadas que denuncian sus orígenes medievales. En el
centro histórico hay una antigua casona sede el Museo de los Castillos de
Cerdeña en donde es posible ver, además de los castillos más importantes de la
isla, ejemplos de la vida campesina.
Cómo son los sardos
El estereotipo del nativo de Cerdeña
es el de personas menudas, fibrosas y con mala leche. Yo personalmente he
conocido a bastantes sardos y puedo decir que me han parecido personas
encantadoras. (¡Claro! Que me he criado
en Burgos (España) e igual la mala leche no me hace efecto.)
En Cerdeña tienen un dialecto propio
que comparte muchos vocablos con el catalán. Su peculiaridad más llamativa es
que si bien en italiano los apellidos terminan en un 90% en “i”, si encontramos
a un italiano cuyo apellido acabe en “u”, podemos tener la certeza de que es de
origen sardo, como Pirastru, Spanu o Nieddu y es que el plural, en su dialecto,
se hace con la “U” y no con la “i” como en italiano.

El sardo es una LENGUA CABRON
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